SISTEMATIZACION DE EXPERIENCIAS

Para llevar a cabo sistematización del conocimiento empírico, implícito en la experiencia de las organizaciones, un referente teórico válido es el que sostiene que el conocimiento se construye social, cultural e históricamente, es decir mediante las conversaciones sociales no individuales, insertado en culturas identificables, y acumulable a través del tiempo.

Un autor puede ser el francés Gaston Bachelard[1], cuyo pensamiento centra su interés, en la producción de conocimiento desde la experiencia.

Para Bachelard, lo real no es lo que pudiera creerse, sino siempre lo que debiera haberse pensado. Sostiene que el pensamiento empírico es claro en la medida que haya sido bien montado el aparejo de las razones, antes de actuar, de lo contrario al volver sobre el pasado, se encuentra la verdad en un verdadero estado de arrepentimiento. Se conoce en contra de un conocimiento anterior, empírico o racional, destruyendo conocimientos mal adquiridos o superando aquello que en el espíritu mismo, obstaculiza la espiritualización.

Tal construcción se hace, según Gaston Bachelard superando obstáculos, no exactamente externos como la complejidad o fugacidad de los fenómenos o la debilidad de los sentidos para percibirlos correctamente; el principal obstáculo se encuentra en el acto mismo de conocer, donde aparecen las confusiones y los entorpecimientos que producen inercia, es decir llevan a la persona a acomodarse con lo que sabe a conservar lo que cree saber, sin ser consciente que los conocimientos pueden declinar y endureciendo posturas donde las preguntas abstractas ya están desgastadas. Costumbres intelectuales que otrora fueron útiles, pueden ahora trabar la investigación, puesto que el espíritu tiene la tendencia a ver más claras, las ideas que le son con frecuencia útiles, prefiere lo que confirma su saber a lo que lo contradice, prefiere las respuestas a las preguntas. Así la idea conquista, en palabras de Bachelard, una claridad intrínseca abusiva. Con el uso, las ideas se valorizan indebidamente, lo que hace necesario la producción permanente de nuevos conocimientos. El instinto formativo cede ante el instinto conservativo. En estos términos, una solicitud de acompañamiento por parte de organizaciones sociales, para sistematizar los aprendizajes de una experiencia empírica, como lo fue la gestión participativa del desarrollo, hace parte de ese espíritu formativo, que da más valor a las preguntas que a las simples respuestas subjetivas.

Otro obstáculo epistemológico al conocimiento, se encuentra en la opinión, la ciencia se opone por completo a la opinión. La opinión jamás tiene razón; piensa mal, no piensa, traduce necesidades en conocimientos. Opinión es lo que queda después de una experiencia que no se ha sistematizado formalmente, es pensamiento vano, porque no agrega nada al conocimiento. Bachelard considera la opinión como un conocimiento vulgar, provisorio, la cual no se debe rectificar, sino con destruir.

El conocimiento empírico adquirido por las organizaciones sociales, mediante sus experiencias en el proceso de gestión participativa del desarrollo, comprometió totalmente la sensibilidad de los participantes, su vida subjetiva, tal y como lo plantea Bachelard, y en el proceso de racionalización de dicha experiencia, esos valores subjetivos, de quienes participaron de ella, pueden afectar los raciocinios de la sistematización. Este obstáculo epistemológico, puede afectar de manera muy visible los nuevos aprendizajes aprovechables para producir nuevo conocimiento, sobre la forma de incidir en la gestión del desarrollo, a tal punto, que se puede perder el vector de abstracción necesario para la racionalización de la experiencia, objeto de la sistematización.
De cara a la experiencia claramente definida, cuyos aprendizajes son el objeto de sistematización, es necesario dialectizar la experiencia. En el proceso de abstracción que acompaña el proceso el pensamiento debe cambiar las condiciones de contemplación de lo ocurrido por otras que desconfíen de las identidades aparentes para exigir cada vez mayor precisión. “Precisar, rectificar, diversificar, he aquí los tipos del pensamiento dinámico que se alejan de la certidumbre y la unidad… el hombre animado por el espíritu científico, sin duda desea saber, pero es, por lo pronto, para interrogar mejor”[2]. Bachelard invita a utilizar un pensamiento dialéctico, que en espiral, interrogando cada vez mejor, sintetizando, se vaya construyendo conocimientos cada vez más abstractos.

Es en esa relación experiencia – razón, práctica - sistematización, como tesis y antítesis, que se sintetiza nuevo conocimiento. Bachelard sostiene que solamente la razón dinamiza la investigación, pues solo ella sugiere, que más allá de la experiencia común, inmediata y espacial, se puede construir la experiencia científica, indirecta y fecunda. Es en este esfuerzo de racionalizar la experiencia, de construcción de conocimiento a partir de aprendizajes que se puede inscribir un proyecto de investigación, tomando los hechos populares como ideas e insertándolas en un sistema de pensamientos sobre gestión del desarrollo social.

Finalmente, queda por abordar otro obstáculo, relacionado con la designación igual para explicaciones diferentes. Bachelard se asombra que una misma palabra, en una misma época, tenga significados tan diferentes, para nuestro caso, la palabra desarrollo, por ejemplo. Esto conduce a pensar, que en el proceso de sistematización, nunca será demasiado el interés que se ponga en captar los conceptos y sintetizarlos de la manera más clara posible, atendiendo a diferentes acepciones o consensuando con los participantes sobre los significados. Así se podrá avanzar en la superación de este obstáculo.

En síntesis, con la sistematización, no se trata de adquirir una cultura experimental sino de cambiar la cultura experimental, de derribar los obstáculos a la comprensión de los fenómenos amontonados en la cotidianidad de la práctica social. En las propias palabras de Bachelard se trata de “… reemplazar el saber cerrado y estático por un conocimiento abierto y dinámico… dar a la razón motivos para evolucionar”[3].

Generar conocimiento, es formalizarlo, ponerlo en valor, para que produzca aprendizajes a las organizaciones, instituciones o personas. Hay mucho conocimiento o saber, que va más allá de lo que uno puede nombrar: en la experiencia cotidiana, se acumula un saber que no se puede compartir por no estar formalizado.
Hay diferencia entre conocimiento migratorio (empaquetado, móvil, articulado) y el insertado especialmente en las relaciones entre individuos y grupos, en las normas concretas, en las actitudes y vivencias, difícil de formalizar que puede ser más valioso que el migratorio.

Las epistemologías, por otra parte, distinguen entre el conocimiento explícito y el tácito. El explicito está en documentos, multimedia, datos codificados, registro de proyectos y otros. El tácito en cambio está en la percepción subjetiva, actitudes, emociones, experiencias, valores, juicios, no se encuentra instrumentalizado y es transmitido dentro de determinados contextos y comunidades de trabajo, es difícil de verbalizar o comunicar con datos codificados.

El propósito de la sistematización es volver formal, explícito, el conocimiento insertado y tácito.

Como los datos por si mismos no son conocimientos, por medio de sistematización, deben agruparse para convertirse en información. La información asociada a un contexto y a la experiencia se convierte en conocimiento. El conocimiento asociado a una persona o grupo y a una serie de habilidades se convierte en aprendizaje y, finalmente, el conocimiento asociado a una organización se convierte en capital intelectual. Para lograr tal proceso, el conocimiento debe asociarse a procesos claves, propósito o misión de una persona u organización.

[1] BACHELARD, Gaston. La Formación del espíritu científico. En: López Caicedo, Mauricio José. Construcción del conocimiento. Bogotá: ESAP, 2l003. p.29-34
[2] IBID. p. 33
[3] IBID. p. 34

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