TURISMO RURAL

Se dan muchos palos de ciego, desde las instituciones educativas y especialmente desde el sector público, promoviendo afluencia masiva de personas hacia los corregimientos de Pasto, con el fin de "rescatar" los corregimientos, motivados por la generación de ingresos adicionales para la familia campesina, para lo cual se diseñan rutas, circuitos, corredores y otras estrategias más, aprovechando los caminos verdes veredales (servidumbres campesinas) que enlazan, por la fuerza de la costumbre unos corregimientos con otros o utilizando las carreteras que los unen con la ciudad para caminatas o ciclo paseos.

Es sabido, hoy más mejor que antes, desde el levantamiento y valoración del potencial endógeno enfocable al desarrollo turístico, realizado por la Universidad Mariana, que hay en los corregimientos de Pasto un tesoro ambiental, cultural e hídrico en condiciones precarias, aunque a tiempo aún, de posibilitar su sostenibilidad, pero frente al cual, tanto campesinos como citadinos en general, muestran condicionantes culturales negativos, expresados en desafecto a casi todo lo antiguo, al patrimonio histórico y arquitectónico, a viviendas y templos doctrineros, al patrimonio cultural considerado solamente como algo folclórico, en la connotación negativa del término, y también hacia las fuentes hídricas; por otra parte hay un expreso desconocimiento sobre las condiciones de aprovechabilidad, en condiciones de sostenibilidad, de ese tesoro y frente a lo cual, la academia, como productora de conocimiento, juega un papel fundamental.

Un ejemplo de desafectos lo presenta la ciudad, con sus 450 años a cuestas, que prácticamente se bebe el Río Pasto al filo del barrio Popular y lo vomita medio muerto a su cauce unos 500 metros más adelante mediante el primer emisor final de alcantarillado. Moribundo, sigue bordeando la ciudad y muere con la descarga del último emisor en Pandiaco, frente al barrio Juan XXIII. En el trayecto ha recibido las aguas servidas, sin ningún tipo de tratamiento, de toda la ciudad.

Otro ejemplo lo denuncia la Agenda Ambiental del municipio de Pasto al afirmar que en los corregimientos “El consumo anual para la cuenca del río Pasto en subproductos forestales es: Carbón 4.560 ton/año; y el de Leña 7.730 Ton/año que equivalen a una extracción de 41.414 metros cúbicos de madera al año”
[1].
Otra expresión de desafecto es la situación de los más de 120 sistemas de acueductos corregimentales, de los cuales sólo el 17.5%, según la Agenda Ambiental del municipio, publicada por CORPONARIÑO, cuentan con desinfección por cloración para la potabilización del agua”. Además la mayoría de las cabeceras corregimentales poseen alcantarillados caracterizados por la conducción en tuberías obsoletas conectadas a redes primarias antiguas, ninguna de ellas posee planta de tratamiento a excepción del corregimiento de la Laguna que posee una, aunque en mal estado de conservación.

Sobra hablar, pues se puede convertir en una larga letanía de desafectos, de la construcción en medio rural de casas con arquitectura ajena, que degrada el entorno paisajístico, de la suciedad de los caminos verdes veredales, las carreteras y los pequeños parques de los centros poblados rurales, de la contaminación con basura y agentes y residuos químicos de las fuentes hídricas, de la construcción por parte de las comunidades rurales de sitios de recreación inapropiados en inmediaciones de templos con valor arquitectónico.

Es imprescindible, a toda costa, adelantar un manejo sostenible de los atractivos turísticos, con criterio conservacionista, a fin de evitar el deterioro de los bienes naturales y culturales y facilitar la restauración de aquellos que ya están en proceso de deterioro.
Entre los bienes culturales se contempla el patrimonio arquitectónico, histórico y religioso, de todos los corregimientos del municipio, cuyas centros poblados se destacan por la formación espacial típica española, como es la ubicación de la plaza central a cuyo alrededor se ubican las autoridades eclesiásticas, civiles y ahora las policivas; dentro de este conglomerado sobresalen según Jaime Alberto Fonseca Gonzáles[2] los templos erigidos en la segunda mitad del siglo XIV por franciscanos, dominicos y agustinos y otros templos más recientes, entre los cuales destaca Aranda, Chapal, Jongovito, La Laguna, Pejendino, Juanoy y Puerres como los principales centros arquitectónicos por sus valor técnico, testimonial y estético dado por la originalidad de las construcciones, varios de ellos construidos en los viejos asentamientos indígenas como templos doctrineros y la consecuente agrupación de población alrededor de ellos, como núcleos de aculturación y evangelización propios de la colonización española en América. Fonseca (2006) se queja en su libro de la negligencia y constante saqueo a que han sido sometidos templos como el de Pandiaco, que sin tener a sus espaldas tanta historia como los anteriormente anotados que han dado y dan testimonio vivo de la vida edificada hoy tanto en la zona urbana como en la rural, ha tenido una presencia social importante que le otorga valores singulares. Los templos de Tescual, Aranda, Cujacal, Buesaquillo, Pejendino, San Fernando, La Laguna, Dolores, Mocondino, Jamondino, Catambuco, Anganoy y Chapal, presentan transformaciones puntuales que han alterado la identidad del conjunto y de sus elementos singulares, sin embargo, todavía se está a tiempo para implementar mecanismos que permitan su conservación y desarrollo coherente.

Otros bienes históricos, paisajísticos y culturales que se deben preservar en buena parte de la zona rural del municipio, son las viviendas campesinas de carácter vernacular, en las cuales, los materiales, las técnicas, tipologías y relaciones con el entorno muestran claramente la herencia de la simbiosis cultural hispano - indígena. Cabrera y Genoy (Jenoy) se consideran como los ejemplos más auténticos de esa identidad, en donde la lentitud de los fenómenos de transformación les ha permitido la articulación entre lo tradicional y lo nuevo.

Las fiestas patronales de cada vereda se destacan, como atributos del sector rural a preservarse porque fomentan la identidad a través de las creencias y tradiciones trasmitidas de generación en generación. Cada corregimiento y cada vereda dentro de él, tiene sus propias fiestas ligadas a un santo patrono.

Urge cambiar los viejos modelos mentales de aprovechamiento inconsciente de los recursos y permitir un entendimiento nuevo de la realidad y de nuevos procedimientos para su intervención, articulando las ideas y voluntades de los diferentes actores públicos y privados de la ciudad y de los corregimientos del municipio de Pasto, con el fin de llegar a consensos que faciliten la promoción de turismo rural en condiciones de sostenibilidad.

[1] CORPONARIÑO. Agenda ambiental del municipio de Pasto. Pasto, CDROM. 2004.
[2] FONSECA G. Jaime Alberto. Escenarios de Fe. Peregrinación arquitectónica por el Valle de Atriz. Editorial Universidad de Nariño. Pasto, Colombia. 2006.

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