PEDIR EL BENDITO AL CUMBAL

Calle de Cumbal

El viaje de tres horas, desde Pasto a la exprovincia de Obando, exactamente hasta Cumbal, es placentero en este tiempo de verano. La carretera hasta Ipiales es la misma Panamericana, recubierta ya, en largos tramos, con 10 centímetros de nuevo asfalto y luego se toma una vía secundaria pavimentada, aunque en regular estado de conservación, hasta el destino.

Cuy de Tulpacinga, en Catambuco

Al salir de Pasto el primer poblado se encuentra a la derecha es el famoso Catambuco, famoso por los cuyes asados tipo “galleta”, de cuero crocante y carne exquisita, acompañado de papas con ají de maní. De Catambuco conozco y me encantan tres asaderos de cuyes: el más viejo de todos, Catambuy, es un icono entre los asaderos del municipio; también están El Fogón Campestre y el Tulpacinga. Que me perdonen los otros, si no los nombro.

Ascendiendo la pendiente que conduce a Ipiales, se encuentra La Coba negra, coronando la montaña, sitio para degustar derivados lácteos.

Luego al tomar el descenso se encuentra, también a la derecha de la Panamericana, incrustado entre el oro del trigo y la cebada, Yacuanquer, donde antes se fundó Pasto. Esta población hace parte del territorio llamado El Cebadal, porque antaño, cuando la cervecera compraba la cebada, en el mes de agosto, tiempo de cosecha, la cebada, cultivada en pequeñas parcelas, brillaba como el oro. Ahora brilla también, pero por las espigas de trigo. La cebada, prácticamente desapareció, tal como lo hizo con anterioridad la cervecera. Empresa y cebada, sucumbieron a los cereales subsidiados de los amos del norte. Felizmente todavía se siembra un poco de cebada, sí, para la Chara.
Parque de Tangua

Después de Yacuanquer, a la izquierda, Tangua, duerme plácidamente en una falda de la montaña. Este poblado concita mis afectos, en el viví con mi mamá, maestra de escuela, y mis hermanos, los seis primeros años de mi infancia. Tangua, comparte las mismas condiciones climatológicas de El cebadal y por ende, los dorados cultivos de trigo y cebada.

Sigue El Placer un sitio de parada obligatoria para comer chirimoyas y comprar zapallos.
Por los lados de Guachucal

Al empezar a ascender desde el Güáitara aparece El Pedregal en la ye, que divide la Panamericana en dos caminos, el que va a Tumaco y el que sigue a Ipiales. El Pedregal es sitio de parada obligatoria, tanto por su agradable clima templado, como por sus “lomplei” [Alegoría hecha a los Long Play, discos en acetato, de larga duración, famosos hasta los años ochentas, cuando el CD los hizo desaparecer completamente]. El lomplei es una tortilla frita de harina de trigo, que acompaña el café negro siempre tibio, debido a que lo mantienen en un perol arrimado a los otros, en que se cocinan: papas para comer con ají picante, molido sobre una mama con una güagüa, las dos de piedra; huevos duros, choclos, frito de marrano y otras cosillas ricas. Sobresalen en todos los puestos de venta, los aguamaniles o peroles llenos de tostado, revuelto con pedacitos de tocino de cerdo fritos.
Funes

Unos siete kilómetros más adelante, a la izquierda de Pilcuán, se ven unas pequeñas montañas, detrás de las cuales está Funes, la tierra que provoca mi amor. Tierra de mi papá, mi tía Nelly, mis abuelos paternos y otros tíos y tías. Un amigo antropólogo que conoció Funes y la cultura indígena de los Pastos, con motivo de su reciente reconocimiento como cabildo, me dijo textualmente en un correo electrónico: “Funes es un lugar hermosísimo, debió usted pasar una infancia muy agradable allí”. Y, sí. Mi infancia y juventud, vividas en Funes, en los meses de vacaciones, son inolvidables. De ellos deriva mi gusto por la música ecuatoriana, las bandas de pueblo y la chicha, pero también de la chara, la ñuta, el ají picante, el pambazo y especialmente… el cuy asado en horno de leña.
Banda de Funes

La Banda de Funes, tocaba retreta a los atardeceres y eso me llenaba de emoción. Ahora oigo una banda y me quedo mudo y atento a esa manera de tocar tan propia de los campesinos sencillos, y a esas piezas musicales que no han cambiado mucho en cincuenta años. Un amigo, que baila vestido de Mojiganga, me reconoció en Funes y me dijo, mostrándome La Cuchilla, ¿se acuerda cuando íbamos allá arriba, a la cosecha de trigo en la tierra de su tía Justina y de su tío Chepe?. Claro íbamos a pié y allá arriba, extenuados, después del ascenso y del juego sobre la paja del trigo, nos daban chicha de jura para calmar la sed. Funes… Funes, cuantos recuerdos trae, los ascensos a píe formaron mi carácter; los juegos de infancia, mi buen humor; la chicha, las alverjas piquinegras frescas, la música melancólica, el pan de trigo o de maíz asado en horno de leña, el aco de cebada y, especialmente, los cuyes sellaron mi identidad, tanto que ahora ni dormido, me olvido de ella.
Chupones en Cumbal con hielo del volcán

Luego entre nubes verdes aparece Ipiales, tierra de amigos y parientes; cuna de los mejores tríos que ha dado el país, como el Trío Gualcalá y Los Románticos. Ipiales no se puede pensar sin Las Lajas, Rumichaca, El Charco, las tortillas de papa, el pan de maíz, el cuy y la carne de gallina criolla del Charco, y la carne de borrego asada al carbón o a la leña.
Cumbal con su soberbio volcán al fondo,  iluminado por el sol tempranero

En el camino entre Ipiales y Cumbal, de pasa por Aldana, un pintoresco centro poblado, donde muchas de sus casas conservan todavía sus tapias de tierra pisada, sus viejas puertas de madera pesada y su tejas de barro. Entre Ipiales y Aldana, se encuentra situado el Aeropuerto San Luis, uno de los pocos que permanece abierto todos los días del año.
Plaza principal de Cumbal, iglesia y Volcán

Se asciende hasta La Olla, un sitio desde donde se puede divisar la imponente planicie de Cumbal y las hermosas montañas que lo delimitan en el horizonte: El volcán nevado de Cumbal, El Chiles, el Azufral; el cerro de Colimba y a veces, cuando está despejado y frío, el honorable Cayambe de Quito, Ecuador, que muestra imponente su copa resplandeciente de nieve eterna. Los campesinos dicen que cuando el Cayambe se deja ver, es que van a tener heladas en los cultivos.
El gran Cumbal
Dos días esperé en Cumbal para ver el nevado y solamente hasta hoy sábado, a las seis de la mañana, mostró su cara aunque solo con un poquito de nieve: quedé impresionado. Y con mi ancestro de indio pasto en el corazón (mi bisabuelo paterno era de Puerres) y los poros de mi piel ateridos de frío, con toda reverencia, le “pedí el bendito” al Volcán. Los pastusos tenemos nuestro Galeras, imponente, majestuoso, pero éste, el Volcán nevado de Cumbal es, en una palabra ¡soberbio! Porque además de lo suyo, se hace acompañar, como ya lo dije, del Chiles y del Azufral, también del cerro de Colimba y del Cayambe, y hacia atrás del Dedo de Dios. Todas estas montañas configuran los límites entre el cielo y la planicie.
video
Pedir el bendito
Tomado de: https://www.facebook.com/neyerandrescm/videos/10155128883742280/
Neyer Andrés Ch. M.

Desde la azotea del hotel El Paraíso, desde las calles, desde la carretera, desde la plaza y aún desde el campanario del majestuoso templo de tres naves, erigido en honor a la Virgen de las Mercedes, tomé fotografías de la soberbia montaña de fuego y nieve.
Torre de ka iglesia de Cumbal y el volcán al fondo.

Cumbal, donde se come la mejor trucha del sur, sacada de la Laguna, al pié del volcán, también ofrece a propios y visitantes raspados de hielo; hielo sacado de las bocas nevadas de la montaña sagrada, por campesinos humildes que rasguñan unos pocos ingresos adicionales, subiendo a la cima gélida, cortando y transportando penosamente a espaldas, y en lomo de caballos, gruesos trozos de hielo hacia el centro poblado.
Hermos interior de la  iglesia de Cumbal

El municipio alberga, en la vereda Tasmag ubicada a dos kilómetros del casco urbano, el petroglifo Machines (monos en quechua), una de las obras rupestres más importantes de Nariño. La piedra machines es una inmensa mole de más de dos metros, tanto de alto, como de ancho, que contiene 4 monos, 2 figuras que asemejan a personas con un palo en la mano y, especialmente, una estrella de ocho puntas dentro de un círculo, hermosamente tallada.
Sol de los pastos: hermosa talla en piedra, abandonado a su suerte. (Foto: José Erazo G.)

Cumbal, cuya fundación española data de 1529 y fue erigido como municipio de Nariño en 1911, es uno de los poblados con la mejor simetría en el trazado urbano, con calles generosamente anchas, en las cuales caminan sus habitantes cubiertos con ruanas de lana, con la tranquilidad de un pueblo apacible y frío.

Las amplias calles de Cumbal y su hermoso volcán al fondo

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Doctor Obando, Faltaron los cholados de paila, que son refresco de la nieve del volcán Cumbal, efectivos para el guayabo.
¡bien por eso Dr. Obando!
jeg

Anónimo dijo...

Hola Arturo, cada vez me dejas pensando en la forma como ingresas al mundo rural a develar sus sabiduría, sus mitos, leyendas y visiones de mundo.

Este lenguaje que no aparece en las enciclopedias, hace parte de nuestra memoria y conocimiento. Me duele cuando dicen ancestral, porque solo se queda en eso en lo viejo, en lo oculto, en lo pasado y no se habla del conocimiento pertinente que habla con las voces de quienes llevan en la sangre ese tesoro invaluable. Siempre actual y actuante en el "mundo de la vida". Este "Lebenswelt" fue creado por Edmund Husserl y se refiere a todos los actos culturales, sociales e individuales a los cuales nuestra "vida" no puede sobrepar. ¿que debemos inventar para sobrepasarlo?

En eso tu has comenzado... buen mar

Hector Trejo

llugol dijo...

Que bello escrito, Arturo. Me lleno el corazon de emosion y de maravillosos recuerdos de esas tierras en donde cambio radicalmente mi vida.

Anónimo dijo...

Bellisimo.

Uweig.R dijo...

Excelente artículo que nos transporta através de las memorias de nuestros pueblos tan ricos en costtumbres e historia.
http://tamboaldia.blogspot.com

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