La hermana república de Imbabura

Ir de turismo con actitud de disfrutar y también de aprender,  es una buena forma de traer al territorio nuevas ideas sobre lo qué desea un turista. Sin acudir a la teoría, solo a la percepción personal, considero que hay tres importantes sensaciones que se desea sentir en un producto turístico: seguridad,  facilidad y esmero.

La seguridad es una sensación importante y la brindan, entre otras, la higiene en la preparación de los alimentos y la disponibilidad de agua potable, el buen estado de las carreteras y su correspondiente señalización, la amabilidad de la policía en especial la vial; también la disponibilidad de gasolina, teléfonos S.O.S. y chalecos salvavidas en caso de usar embarcaciones; motoristas competentes y conocedores de su comarca y en general gente amable capaz de dar información adecuada. Estas sensaciones las vivimos en nuestro reciente viaje al Ecuador andino, apreciado por su desarrollo turístico.

Cierto o no, en Ecuador la policía vial tiene la fama, entre quienes viajamos en carro particular, de empeñarse en tumbar, con cualquier pretexto la alegría del viaje, obligando a sacar unos dólares extras para pagar supuestas infracciones. En esta oportunidad esto no sucedió, al contrario, en la vía Tulcán - Cotacachi – Tulcán, no fuimos requeridos ni una sola vez por agentes de policía, asunto que nos llenó de satisfacción.

La carretera Panamericana del Ecuador tiene nueva capa asfáltica, y es sobresaliente el tramo Ibarra – Otavalo por la doble calzada con 3 carriles cada una, que acorta el viaje a pesar de las continuas restricciones a la velocidad.

Sin embargo, Ecuador se raja por la norma que prohíbe vender gasolina a colombianos en el tramo de la Provincia de El Carchi, unos noventa kilómetros. Las gasolineras a las que nos acercamos para comprar el combustible comentaron que la multa impuesta a quien contravenga la medida es de 5.000 dólares. Eso me hizo acordar de un querido alumno que en tono de chiste me decía en un correo: “es que estoy en la hermana república del Carchi”. Yo pensé: el Carchi hoy en día no tiene nada de hermandad con Colombia, más bien hablemos de la hermana república de Imbabura, que allí si somos bien atendidos, y en la primera bomba de gasolina, al cruzar el Chota pudimos tanquear a 1.90 centavos de dólar el galón de gasolina súper, más o menos unos $3.800. ¡Qué diferencia! En ese momento entendimos por qué tanta gente en Ipiales vende diariamente hasta 20 canecas de gasolina de cinco galones cada una a $25.000;  hasta en la entrada de Tulcán aparecen de manera furtiva, ecuatorianos ofreciendo gasolina a los colombianos.

Este punto vuelve inseguro el viaje al Ecuador, es más ha convertido la Provincia de El Carchi un sitio sin interés, un sitio de paso, de cuya hostilidad quieren los viajantes salir rápidamente, para llegar a la Provincia de Imbabura, “la hermana república de Imbabura” como diría mi alumno.

En El Carchi, está la frontera y las oficinas de migración, especializadas en entorpecer, no en facilitar, la entrada al Ecuador, para lo cual se valen de dos o tres personas para atender largas colas de viajeros obligados a cargar sus maletas hasta que a los encargados de revisar los papeles, les venga en gana hacerlo. Son un monumento viviente a la ineficiencia, les falta esmero para hacer del turismo una grata experiencia.

Imbabura por su parte es una comarca bellísima, con  los paisajes andinos más preciosos, adornados con lagunas, volcanes y poblados indígenas. Entre estos últimos, el que se lleva todos los honores es Otavalo, cuna de indígenas Quichuas, orgullosos de su raza y de su ancestro cultural que expresan mediante su lengua, vestimenta y música.

Otavalo ha hecho una apuesta territorial al turismo y para lograrlo ha transformado de manera positiva el centro de la población, con andenes más anchos, adornados con baldosas de colores y muchos faroles. Es una ciudad limpia con varios sitios para comer con toda la seguridad, atendidos amablemente por mujeres vestidas con trajes típicos impecables. Los hombres, conservan en general su cola, su sombrero y su traje. La mayor parte de la gente, hombres y mujeres, niños y viejos, se visten típicamente haciendo de esta ciudad y de las poblaciones cercanas un hermoso paisaje viviente.

Otavalo tiene un gran atractivo turístico: la cascada de peguche, inmensa masa de agua cristalina que se desgualanga desde una considerable altura, produciendo un gran espectáculo visual que se puede disfrutar desde dos puentes de madera, estratégicamente ubicados frente a ella. El sendero de ascenso a la cascada está perfectamente demarcado entre árboles ancestrales acompañados siempre del agua en movimiento la cual, en un recodo, llena una de las piscinas incas, en la que la gente se baña a pesar del frío. Es agradable entrar a Peguche entre tiendas de venta de productos artesanales, acompañados permanentemente de sanjuanitos, un sinfín de melodías producidas por los innumerables grupos de música; los otavaleños han convertido su territorio en un foco musical sin parangón en el Ecuador.

Al lado del Otavalo se encuentra Cotacachi, centro de la marroquinería, con calles anchas y andenes con baldosas de colores, de tal manera que los turistas pueden caminar tranquilamente y visitar los innumerables establecimientos de comercio que ofrecen todo tipo de artículos en cuero. En Cotacachi no es raro encontrarse con nativos que hablan Inglés y con gringos y europeos que han hecho de este pueblo, su hogar. Cotacachi ha convertido el Sol de los Pastos o estrella de ocho puntas, tallada en la piedra de Machines en Cumbal, Colombia, en su símbolo representativo, a tal punto que al llegar a la población una gran estrella de hierro, siquiera de unos 15 metros de altura recibe orgullosamente a los visitantes; en la ciudad la estrella se encuentra grabada en cada una de las baldosas de los andenes y en el piso de los cruces de las calles centrales. ¿Será que los Pastos saben esto? Seguro que no, de lo contrario no dejarían abandonada su suerte la famosa talla en piedra. Lo cierto es que los Quichuas, no saben sobre la existencia de la Piedra de Machines y con relación a la la inusitada presencia en la población, dicen que a un alcalde se le ocurrió la idea de tomar la estrella, como un logo del territorio.

Al lado de Cotacachi a 3700 m.s.n.m. se puede visitar la laguna Cuicocha, un gran cráter lleno de agua tibia a 16 grados, cuya única salida es la evaporación. La carretera que conduce hasta ella es pavimentada y en buen estado. Sobresale en la laguna el excelente servicio gastronómico y el viaje alrededor de las islas en lanchas de fibra de vidrio, adecuadas con techo con bancas acolchadas, techo y cortinas transparentes para evitar el frío o la lluvia pensando en el confort del turista. Los motoristas conocen perfectamente la historia del lugar y se detienen en sitios donde se puede observar la transparencia del agua no contaminada y las burbujas de agua caliente que brotan del fondo, “para que no nos olvidemos que estamos en el cráter de un volcán activo”.

En Otavalo y Cotacachi, los restaurantes se destacan por la amabilidad de las personas que atienden, la disponibilidad de agua potable, la limpieza de las mesas, cubiertos y platos, y el aseo en general de cada sitio. Los hoteles son de construcción moderna, y atendidos con esmero. Las ciudades conservan la seguridad ciudadana que permite caminar en horas de la noche sin temor a los rateros.

Ibarra, tiene su Chachimbiro, un sitio privilegiado por aguas termales que han dado origen a varios servicios de termas, como les dicen en Ecuador. Chachimbiro es una hacienda que ha adecuado su vieja casona como hotel para aquellos visitantes que disfrutan de los baños calientes. Este es un buen ejemplo de cómo una vieja casa de tapia y tejas, se puede adecuar como hotel mediante unos pequeños acondicionamientos de pisos, paredes y pintura sin que pierda su esencia de portadora de pasados posibles. Ofrece hidromasajes, piscinas calientes y frías, sauna, baños turcos y restaurante. Todo con higiene y excelente atención.

En pocas palabras, en la provincia de Imbabura, hay mucho que aprender sobre seguridad, facilidad y esmero en los servicios y las apuestas territoriales turísticas.
[Gracias por las fotos a Carolina Obando Paz]

2 comentarios:

carolina dijo...

Lindo viaje :)

Anónimo dijo...

El Ecuador me encanta por sus paisajes humanos, geográficos, sus grupos etnicos, sus vias, su gente y su espíritu de trabajo agrícola, industrial, artístico y humanístico. Es un pais pequeño sin violencias criollas de grupos armados, paramilitares y otros desastres más.

Me agrada que muestres a este pais y estas ciudades que hacen del turismo una forma de vida segura. Si eso pasara en Colombia otra seria la realidad. Hace unos dias fui testigo de un atraco a turistas latinoamericanos en las carreteras de Colombia. ¿Qué imagen tenemos los Colombianos con estos problemas de atraco, violencia, corrupción desmedida, antivalores? ¿Cómo gacer de Colombia un paraiso turitico si tierra, gente, música, flora y fauna es lo que tenemos? ¿Como hacer del Putumayo, del Amazonas, del Caqueta, de Nariño... y de otros territorio nacionales lugares de ensoñación, encanto y eternidad?

Amigo, te invito a visitar el fin del mundo en la serrania del Churumbelo en Mocoa. Vas a pasarla chevere! trae tu cámara que por aca no le pasa nada!!!!

Tu amigo de siempre Hector

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