GUAITARILLA: un sueño de oro

No es fantasía afirmar que Guaitarilla emerge para el visitante como un sueño incrustado en espigas de oro.

El viaje de Pasto a Guaitarilla recorre el mismo camino de Túquerres, excepto porque una vez superado el Pedregal y llegados a tierras de Imués, se abandona el camino inicial para enrumbar hacia esa preciosa población. No pasa un kilómetro y los viajantes empezamos a abrir los ojos ante el bello bordado que hacen las cercas naturales sobre las montañas onduladas separando los cultivos de trigo: es magnífica la visión de esta mezcla de naturaleza y cultura campesina especialmente en época de verano, cuando las espigas de trigo y cebada adquieren el color del oro.

Paisaje de Guaitarilla
Y todo el camino es así, aún después de llegar a Guaitarilla. Es que este territorio es bendito por su cultura de trigo, cebada y maíz, lo que dio origen a una especialísima industria harinera. Por eso no es extraño que lo más rico de Guaitarilla sean los roscones o los fideos hechos en casa con harina de trigo y huevos de campo.

En Guaitarilla se vive la cultura del trigo, los molinos artesanales se han encargado de mantenerla. Todos los días llegan campesinos con unos pocos kilos de trigo o maíz que han dejado de las cosechas para el autoconsumo, para ser molidos a cambio de unos pocos pesos y, en el caso del trigo, regresan a su casa con tres productos: harina, pambazo y afrecho. La primera usada en la cocina para un sinfín de menesteres; el segundo para hacer un exquisito pan, llamado “pambazo”, y el tercero para alimentar animales, en especial a los puercos.

Molino con fuerza eléctrica
Los molinos están ubicados en el casco urbano, son heredados y, curiosamente, son manejados por mujeres, aunque inicialmente lo hicieran los hombres. Funcionan con motores eléctricos de 5 caballos de fuerza, las bandas que transmiten el movimiento son fabricadas artesanalmente de llanta de tractor, la molienda se realiza con dos piedras cilíndricas de un metro o más de diámetro, doce centímetros de altura la de encima y unos 70 la de abajo, superpuestas una sobre otra: la de abajo denominada masa de unos 80 kilos de peso se mantiene fija y la de encima, también llamada voladora, de 50 kilos de peso es giratoria.


Viejas piedras de molino: encima la voladora, abajo la masa
La  voladora, tiene talladas manualmente unas estrías que trituran el grano, cuya finura es manejada por sistemas sencillos que aprietan las piedras entre sí o las aflojan. A la piedra masa, la fija, le hacen unas estrías más anchas que orientan la caída de la harina hacia unos cedazos los cuales, automáticamente, separan la harina del pambazo y del afrecho. A medida que las piedras van quedando llambas es necesario tallar nuevamente las estrías.

Uno se asombre con las pequeñas innovaciones que les han ido haciendo a los vetustos molinos para ser más productivos, facilitando el manejo de las pesadas piedras y la disposición de los productos para hacer más amable la faena.

Operadoras del molino de fuera hidráulica en la vereda El Motilón (Guaitarilla)
Sin embargo, el molino que se lleva el premio mayor, se mueve por fuerza hidráulica y está ubicado en la vereda El Motilón, tiene unos cien años y es manejado por su dueña, una anciana, y tres jóvenes mujeres. El molino en sí mismo es similar a los que funcionan con energía eléctrica, solo que en este caso para alcanzar la fuerza necesaria que haga girar la piedra voladora, se necesita encaminar el agua desde el río por una acequia de unos 300 metros de largo, y luego dejarla caer, debidamente canalizada, desde una altura de unos 7 metros hasta las cucharas de caucho de la rueda Pelton situada debajo del molino a dónde llega con una fuerza sorprendente.

Rueda Pelton debajo del molino. Se aprecian las cucharas y el gran eje que lleva el movimiento al molino.
Es sencillamente espectacular ver cómo los campesinos aplican la mecánica de fluidos, para producir el movimiento necesario a un eje de madera que lo transmite a las pesadas piedras y moler así incesantemente los granos.

La rueda Pelton en acción por la fuerza del agua. Arriba se muele el grano.
He dicho al iniciar, que si bien es fantástico llegar y descubrir Guaitarilla como un sueño incrustado en espigas de oro, no lo es menos salir de ella con la vida enriquecida, al compartir la dignidad de estas mujeres que mantienen viva la transformación del trigo y el maíz y hacer más amable la vida de las familias campesinas. 

¡Que viva Guaitarilla!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por la entrada del blog, me gustó mucho.

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