La autobiografía

Oscar (q.e.p.d)
Re-lectura posible de Ernesto Contreras, sobre el tiempo general de la autobiografía y sus sabidurías.

Primero algo de conceptualización sobre la auto-bio-grafía:

Auto: referido a la reflexión (devolverse) sobre el bios (uno mismo, biológico y espiritual); especie de metacognición, esa actividad cerebral referida a pensar sobre el propio pensamiento (en este caso sería sobre el cómo del propio pensamiento ¿Cómo aprendí lo que aprendí?) la cual, como la memoria, la evocación y otras referidas al motor de la vida humana, solamente se fortalecen ejerciéndolas; también puede verse como una con-versación con uno mismo en una especie de introspección (una inspección hacia dentro); o como una autognosis, conocimiento de uno mismo; en cualquiera de estos casos o de todos juntos, nadie puede hacer ese trabajo por uno, solo uno mismo.

Bios-vida-: mi vida, mis sueños, mis valoraciones, mis deseos, mis creencias, mis hábitos, mis decisiones, mis aprendizajes útiles e inútiles ¿Algún aprendizaje es inútil?, mis giros, mis tótems, mis enfoques, mis experiencias, mis redes, mis lugares, mis tramas, mis dramas, mis vericuetos, mis absurdos, mis farsas, mis fisuras, mis contradicciones, mis paréntesis, mis decisiones, mis intuiciones, mis tiempos. Exhumación de los tiempos perdidos en el subconciente, para nuevas interpretaciones, nuevas fisonomías… nuevos avatares de uno mismo.

Grafía: movimiento-ascenso-descenso, escritura terrestre, forma y dibujo, letra y símbolo. Arte.

La autobiografía es entonces pasado-recobrado, ejercicio de viaje al interior de uno mismo con un propósito claro y también sorpresivo de reconocer (agnición) nuestra verdadera identidad con fines de manumisión de nuestro sujeto (no se nace sujeto, se llega a serlo dice Fernando Vásquez Rodríguez): yo “manumisor y manumitido” al mismo tiempo, como un “holograma” al estilo de Edgar Morín, la parte en el todo y el todo en la parte. Es reordenar el pasado según los enfoques de nuestro presente; en palabras de Bauman, “salir del estado de reposo”, abrirse paso a través del matorral denso, oscuro y laberíntico de la memoria. Acto de subjetivación, de ser-en-sí a ser-para-si consciente (Heidegger, Sartre), que existe en la medida que se realiza, “autopoiético”, en palabras de Humberto Maturana.

¿Por qué una autobiografía al empezar estudios de maestría en pedagogía?

Para iniciar, algunos, o continuar, otros, el espíritu de sospecha sobre uno mismo como maestro. Si no hay sospecha sobre uno mismo nunca se podrá saber el por qué de esos sueños, de esas valoraciones, en pocas palabras, de esos lenguajes extraviados, de esas señales dejadas en mi vida, por unos y otros, para hacer con ella (la sospecha), mediante la autobiografía, una fractura existencial, si es necesario; la ausencia de sospecha, no parece ser propia de un pedagogo que tiene a su cargo el desarrollo humano de vastos grupos de estudiantes.

Después de una autobiografía no somos los mismos, al cruzar el umbral del tiempo de la existencia, al volver la vista atrás, al salir de la caverna somos diferentes. Aunque el tiempo, de acuerdo con Ilya Prigogine, es “irreversible”, la autobiografía permite, mediante un serio ejercicio de arqueología interna y de escritura, rescatar esos imperceptibles hilos temporales que han ido tejiendo la existencia, para ponerlos entre paréntesis, sopesarlos, evaluarlos, tamizarlos, discernirlos y aprender de uno mismo en y para el tiempo presente.

La autobiografía se hace con la intencionalidad de auto-eco-reconstruir-se, de subjetivar-se, de enriquecer la vida subjetiva del maestro, para que en el acto educativo  haga lo mismo con sus estudiantes. También entra en esa intencionalidad del acto autobiográfico la necesidad de temporalizar-se, de traer a presente trazos, masas críticas con significado, para reconstruir el escenario del aprendizaje íntimo y social, para darles sentido quitando-se las seguridades, silenciando-se las respuestas y producir un caldo de cultivo o un medio virtuoso que facilite, en términos de Edgar Morin, la “emergencia” de nuevos interrogantes, nuevos significados que, como una nueva capa suave y liviana acompañen el inscribir-se con una nueva piel: maestros en pedagogía.

Primeras lecturas:

BATHES, Roland. Escribir la lectura.

BAUMAN, Zigmut. La globalización.
MORIN, Edgar. El pensamiento complejo.
MORIN, Edgar. Tierra Patria.
MORIN, Edgar. El año 1 de la era ecológica.
MATURANA, Humberto. El sentido de lo humano.
PRIGOGINE, Ilya. El nacimiento del tiempo.
VASQUEZ, Fernando. Educar con maestría.

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