DOSSIERES DE TECNOLOGIA E INNOVACION EN NARIÑO

La Cocha
Decía en el anterior artículo IES Y CADENAS PRODUCTIVAS EN NARIÑO que e el departamento de Nariño para conjugar factores, que puedan generar condiciones de competitividad, ha acudido a la construcción de una nueva cultura económica, social y política, que contemple un abanico de estrategias entre las cuales destacan dos: primera, identificación y desarrollo de cadenas productivas, y segunda, inclusión de dossiers de tecnología e innovación en la producción, que responde a la necesidad empresarial de estrategias que permitan generar ventajas competitivas a la producción de bienes y servicios. Las empresas buscan innovar continuamente para enfrentar la competencia. Porter, nuevamente plantea tres estrategias para alcanzar una ventaja competitiva en el mercado: liderazgo en costo, que resulta directamente de ser el proveedor de más bajo costo de un producto o servicio; diferenciación, caso en el cual una empresa se posiciona como única con respecto a ciertas características percibidas por los clientes y, Foco, mediante el cual la empresa enfoca sus esfuerzos en forma estratégica a adquirir una ventaja competitiva en uno o varios segmentos del mercado[1].

Todo el esfuerzo empresarial tiene un objetivo: el consumidor, actor final en la cadena. Este era hasta hace poco entendido como el vecino o el paisano que poco o nada exigía, resignado, si se quiere, a adquirir productos producidos internamente. Hoy, sin embargo, son sus gustos los que determinan el equilibrio en los mercados. El consumidor, hoy internacionalizado, exige productos higiénicamente producidos, inocuos, nutritivos y saludables que afecten positivamente su salud por los cuales paga dos, tres y muchas veces más. Paga por atributos como olor, sabor, forma y color determinados, por productos pre cocidos, oportunos, biodegradables, producidos de tal manera que se sustente la seguridad de los seres humanos y de los ecosistemas, con certificaciones de calidad, expedidas por organismos internacionales reconocidos.

Helados de paila en Cumbal (Nariño)
El consumidor, punto final de la cadena de valor, ha adquirido mayor capacidad de negociación dentro de ella, merced a la inmensa oferta de productos, servicios e información a su alcance.

Los nuevos productos o servicios tienen en común el valor agregado, entendido éste, como el precio que un consumidor está dispuesto a pagar por un producto o servicio. Generar o agregar valor entonces es producir lo que el consumidor quiere, tal y como lo desea. Para hacerlo las MIPYMES deben: orientar su oferta al consumidor, producir lo que el consumidor  prefiere; lograr precios competitivos; mejorar la calidad  de productos y servicios; llevar a cabo marketing eficaz en el país y en el extranjero; mejorar su gestión administrativa e innovar permanentemente.

Carro escalera en Pasto
El principal reto para las MIPYMES de Nariño  es sobrevivir a semejante entorno altamente intensivo en información y conocimiento que ha trasformado las tradicionales y lineales funciones del proceso productivo (producción– distribución– consumo) en un modelo circular que incluye funciones de Investigación y desarrollo, asistencia postventa, gestión financiera y marketing.

Conviene observar que hoy la tecnología ya no es un conjunto de elementos técnicos y equipos que ayudan a la producción, una variable sin mayor importancia. Al contrario, en la medida que se compite a través de diferenciación de productos, generación de valor agregado e innovación permanente, la tecnología es una condición sin la cual eso sería imposible. Por su parte la Economía actual enseña que no son tres los recursos económicos, sino cuatro: Tierra, mejor entendida como recursos naturales, trabajo, capital y tecnología[2].

Afirma Marco Palacios, ex director del ICFES, que “Estamos en presencia de tecnología moderna cuando los principios de la ciencia se aplican a un sistema productivo y se produce más, de mejor calidad y más rápido y se ofrecen bienes y servicios que bajo ninguna circunstancia, hubieran podido producirse con todo el ingenio empírico y artesanal”[3].

Micro aspersión en El Manzano (Taminango)
Es pertinente en este espacio afirmar, que históricamente hemos sido usuarios y no productores de tecnología, que la creación de tecnología ha sido ajena a la cultura nariñense o colombiana, o suaramericana o del tercer mundo. Hemos vendido pedazo a pedazo nuestros recursos naturales a los países desarrollados, considerados tradicionalmente como los inventores, y ellos nos los han devuelto en forma de bienes y productos pero sin ninguna transferencia de tecnología. Esto vuelve importante la investigación tecnológica para salir del círculo vicioso de la dependencia del exterior.

La calidad educativa que hoy se exige en Colombia, tiene mucho que ver con la pertinencia de la respuesta que el sistema educativo, a través de la investigación, puede dar a las exigencias de competitividad internacional mediante la creación de tecnologías orientadas a la innovación.

El Departamento Nacional de Planeación (DNP), la Dirección de Desarrollo Territorial (DDT) y la Corporación Andina de Fomento (CAF) llamaban la atención para que las universidades le apuesten a la construcción de ventajas competitivas regionales a través de la formación de empresas del conocimiento, tales como Distritos Industriales, Parques Científicos, Semilleros de emprendedores innovadores e Incubadoras de Empresas, “para ser centros de nuevos negocios y empresas de alto contenido tecnológico, entendiendo que es desde las universidades de excelencia, donde es posible desatar el proceso de las nuevas empresas locales de tecnologías avanzadas y el cambio estructural de las economías, y no tanto desde las empresas por su estructura enmarcada en modelos empresariales tradicionales”[4].

Chilacuanes y Uvillas en Cabrera (Pasto)
De la misma manera, MINCOMEX, cree que las universidades podrían coadyuvar con el desarrollo de cadenas productivas y clústeres regionales, develando “todos y cada uno de los eslabones y encadenamientos, los problemas o conflictos de intereses y rupturas existentes que afectan la competitividad de la cadena, así como las brechas o rezagos verificables frente a los competidores de otros países...”[5].

Planteada así la cuestión de los dossieres de investigación y el papel de la tecnología en la innovación empresarial, cabe hacerse unas preguntas:

¿Cuál es la oferta de conocimiento tecnológico de las universidades asentadas en Nariño, orientada a la innovación empresarial?

¿Cuáles son las demandas tecnológicas de las empresas de interés en Nariño?

¿Qué proyectos de innovación empresarial han surgido de las investigaciones universitarias?

¿Cómo articular la oferta de conocimiento de la IES con las necesidades empresariales?

¿Qué experiencias significativas de relacionamiento investigación universitaria e innovación empresarial existen en el departamento de Nariño?

¿Cómo podrían abordar las empresas el desarrollo de nuevos productos y de nuevos procesos productivos, nuevos enfoques de marketing, nuevas formas de distribución, o incluso nuevos sistemas de dirección o formas organizativas con la participación de la investigación universitarias?

¿Cuáles son las alternativas para la articulación de la oferta tecnológica disponible en las Instituciones de Educación Superior (IES), de manera que responda a las necesidades de innovación de las empresas del sector rural e industrial de Nariño?



[1] Citado por José Andrés Rendón en La República, serie Management Administración de la cadena de suministros. Bogotá. Marzo de 2003.
[2] LEGUIZAMON ACOSTA, William. Introducción al análisis de la economía política colombiana. Bogotá: Ediciones jurídicas colombianas. 2001. p. 84 - 100
[3] PALACIOS, Marco. Por una reforma de la educación técnica y tecnológica para modernizar Colombia. En 4° Seminario sobre calidad, eficiencia y equidad de la Educación superior Colombiana. Bogotá. ICFES, 1991.P. 19
[4] ACOSTA, Jaime y GONZALES, Hernando. Bases conceptuales y analíticas para la construcción de una visión de desarrollo nacional. DNP. DDT. CAF. Bogotá, Julio de 2002. Pag. 112
. Política nacional para la productividad y competitividad, Colombia Compite. Bogotá, 2003. Pág. 56 

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