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  Octubre de 2020. Época de confinamiento por el coronavirus Miro la pintura de Clarita y me digo a mi mismo: ella representa la libertad de poder salir de su linda casa amurallada, impenetrable, subida en un pedestal, con sus puertas cerradas por el aislamiento, señalada con su propia bandera. Los muros en su parte superior dejan ver espacios para poder atisbar el enemigo: el coronavirus. En el aislamiento ella aprendió a hacer fotos y videos, y, al tener la libertad de salir, evoca la casa, le toma fotos como si fuera algo del pasado, un monumento histórico de un tiempo gastado, pero que guarda en ella recuerdos dignos de ser fotografiados, una especie de castillo al que ya no se vuelve sino por curiosidad.  La vida está afuera, el sol siempre a la derecha a la espera, y los cinco años de vida expresados en cinco copos de nubes graciosas que danzan al ritmo de la infancia, adornando los tiempos vividos; las caras de los niños contentos mientras juegan, se estiran sobre la hi...

María Clara

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Al regresar al apartamento, sin María Clara, de repente, sin más, sólo al ver la foto en conversación con ella que tengo como fondo de pantalla, me invadió la pena. ¡Caracoles! No está Clarira. ¡Qué peligro para el corazón! Hace mucho tiempo que no sentía ese nudo en el pecho por una ausencia. Pero es que ella llegó con la fuerza arrolladora de un volcán en erupción, y como un torbellino puso a girar todo en torno a sí, en especial los afectos y las atenciones de todos los que la queremos. Ella trajo a nuestra vida, el aliento y la virtud perdidas sea por la edad, sea por la costumbre, pero como dice Nietzsche: no hay más que esperar a los hijos y a los nietos, si hay tiempo para la espera; ellos sacarán a la luz el alma de sus abuelos, el alma de que sus mismos abuelos no se dieron cuenta. En estos días perfectos se posó sobre nuestras vidas como un rayo de sol: miramos hacia atrás, miramos hacia adelante, y nunca habíamos visto de una sola vez tantas y tan buenas cosas en una ...

Ojos de capulí

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" “Nuestras erupciones. (…) En ciertas épocas parece que falta tal talento o tal virtud y lo mismo en ciertos hombres; pero no hay más que esperar a los hijos y a los nietos, si hay tiempo para la espera; ellos sacarán a la luz el alma de sus abuelos, el alma de que sus mismos abuelos no se dieron cuenta. Muchas veces el hijo es el revelador del padre y éste se comprende mejor a sí mismo en su hijo”. (Nietzsche. La Gaya ciencia. P 23) ¡Qué bonita manera de referirse a los nietos! Ella me mira desde su pequeño carro fijamente, con insistencia, sin parpadear, mientras  mastico 100 veces cada bocado. De vez en cuando me sonríe, y yo le hago musarañas para lograr otra pequeña sonrisa.  Durante algo más de un mes anduve tras de ella para lograr que demuestre su interés respondiendo a todos mis halagos; finalmente, días antes de partir,  sonreía cuando nos volvíamos a ver después de una o dos horas y, como un gran gesto, empezó a inclinar su cuerpo hacia mi  al i...