Visita al Volcán Azufral en Nariño

 (Fuente: Ingeominas)
Nariño es, de sur a norte, tierra de volcanes activos: al sur, limitando con Ecuador el volcán Cerro Negro contiguo al volcán Chiles; un poco más al norte pero en el mismo sur el Cumbal y el Azufral (Gran Chaitán); al centro el Galeras (Urkunina) y al norte en límites con el departamento del Cauca, el volcán Doña Juana.

El Chiles a la izquierda y el Cumbal a la derecha (Foto desde El Cebadal)

Datos de INGEOMINAS sobre la altura de muestran que el más alto es el Chiles con 4.784 m.s.n.m.; le sigue el Cumbal con 4.764 m.s.n.m.; a continuación va el Cerro Negro, contiguo al Chiles, con 4.470 m.s.n.m., continua el Galeras o Urkunina con 4.276 m.s.n.m.; le sigue Doña Juana con 4.160 m.s.n.m., y finaliza la lista el más bajito pero más bello de todos, la joya de la corona, el Gran Chaitán o Azufral a 4.070 m.s.n.m.
  
De estos volcanes, el más activo, como todos lo sabemos por sus constantes erupciones, es el Galeras (aunque últimamente está calmadito); del soberbio Cumbal se conocen dos erupciones explosivas, una en diciembre de 1877 y otra entre el 20 y 21 de diciembre de 1926; del Doña Juana, considerado como peligroso, se conocen erupciones desde 1897 hasta 1936; del Chiles, Cerro Negro y Gran Chaitán no hay registros de erupciones, aunque obviamente las tuvo que haber.

La Laguna Verde en el cráter del volcán Azufral

Estos atractivos naturales concitan el interés de los caminantes por adentrarse en las entrañas de estos colosos activos, y nosotros no fuimos la excepción: con el pretexto de la visita del Programa Tertuliando de Marinilla a tierras de Nariño, como buenos caballeros, volvimos por segunda vez a la cumbre del Gran Chaitán, porque “el que es caballero, repite”.

Doce horas visita duró la experiencia. Salimos de Pasto, vía Panamericana, a las siete de la mañana y estuvimos de vuelta a las siete de la noche. Durante el recorrido de 72 kilómetros hasta la ciudad de Túquerres que a propósito está ubicada a 2900 m.s.n.m., en la altiplanicie más alta de Colombia, tuvimos la oportunidad de apreciar la belleza paisajística del Cebadal, donde se encuentra enclavada la población de Yacuanquer sitio en el cual fue fundada la ciudad de Pasto por primera vez, antes de ser trasladada al Valle de Atriz donde ha sobrevivido por 474 años. Un poco más abajo, en una pequeña planicie se aprecia la población de Tangua. Es interesante ver como en estas poblaciones, sobresalen los templos católicos, símbolo de una arraigada conciencia religiosa.

Tangua

Sigue el descenso hasta el abrigado clima del río Güáitara y se llega al Pedregal, sitio en el cual la Panamericana sigue su curso hacia Ipiales, pero se deriva un ramal hacía Túquerres y la Costa pacífica. El Pedregal es un pintoresco y abrigado lugar, apetecido por los viajantes regulares para hacer un alto en el camino y tomarse un café con tortillas de harina de trigo fritas (lompley) y queso fresco, o disfrutar de la deliciosa fritada de cerdo con papa cocinada, típica en Nariño.

De allí en adelante todo es ascenso hasta llegar a la cumbre deseada.

Hornos para quemar ladrillo

Recorrer la carretera hacia Túquerres, es una oportunidad para apreciar el profundo Cañón de Chirristés, en una de  cuyas laderas se talló la carretera. Un poco antes de llegar a la población y a filo de carretera, se observan hornos de barro, leña, tierra de tres colores y pequeñas montañas de tamo, que alertan sobre la presencia de la industria del ladrillo. Artesanalmente trabajado desde la extracción de la tierra, los hornos queman el adobe para entregar el ladrillo cocido, con el cual desde tiempos inmemoriales se han ido construyendo todas las poblaciones desde Túquerres hasta la costa pacífica. Esta industria, artesanal, es típica en el altiplano nariñense.

Túquerres

La Ciudad Señora de la Sabana, Túquerres, capital del municipio que lleva su nombre, creada en 1541 es un asentamiento humano importante en el departamento y hacían parte de él, los hoy municipios de Sapuyes, Imués, Güaitarilla, Ospina, Ancuya, Linares, Samaniego, Guachavez y Mallama. El municipio de Túquerres, es hoy en día un importante productor de ganado, leche, papa, y la ciudad un centro comercial y de transporte.

Sitio de llegada en carro: Cabaña de CORPONARIÑO a 5 Km de la laguna

De Túquerres al Gran Chaitán hay doce kilómetros, de los cuales siete se pueden hacer fácilmente en taxis especialmente acondicionados, para cubrir con éxito un buen tramo de carretera destapada, hasta la cabaña de CORPONARIÑO sitio en el cual guardabosques registran la entrada de cada visitante. De allí en adelante solo pueden pasar camperos con permiso de la Corporación. Una rápida mirada a los registros de entrada muestran gran variedad en los orígenes de los caminantes: España, Holanda, México, Noruega, Alemania, Suiza, Estados Unidos, entre otros y también Pasto, Túquerres, Medellín, Puerto Asís, Ipiales y muchas ciudades más. Según la página oficial del municipio de Túquerres, entre 1998 y 2000 se registraron en promedio 2.610 visitantes anuales deseosos de conocer la maravilla natural.

Hacia la Laguna Verde

Podría decirse que visitar el Area Natural Única Volcán Azufral (Gran Chaitán) es una experiencia plena de silencio, y en época de invierno de intenso frío, como solo el páramo lo puede ofrecer.

El área natural que tiene una extensión de unas 6000 hectáreas, alberga un inmenso páramo que a manera de esponja, provee de agua a los municipios de Túquerres, Mallama, Sapuyes y Santacruz (Guachavez) ubicados a sus pies; alberga también al hermoso Gran Chaitán, un volcán del cual no se tiene registros de su actividad, pero que presenta, según monitoreo de INGEOMINAS, alguna actividad fumarólica y sísmica, y, sin duda alguna, su forma se debe a “flujos de lavas, flujos piro clásticos de gran magnitud y depósitos de caída”. A propósito, el científico alemán, Alexander Von Humboldt, citado por INGEOMINAS, escribía en 1801 “…que el Azufral es un volcán que arrojó, al igual que el Sotará, su cima, antiguamente aguda. Su actual cumbre anteriormente fue su interior. De ahí las enormes masas de azufre natural que aquí se obtiene…”   El Gran Chaitán se encuentra ubicado a “1° 05' N y 77° 43'W, con una elevación de 4070 msnm”[1]

Niguas o manzanitas comestibles

En el trayecto ascendente de cinco kilómetros entre el páramo, que debe hacerse a pié hacía el Volcán, se puede apreciar flora propia de un sitio frío y alto: sicses a lado y lado del camino, pequeñas flores y arbustos, muchos mantos vegetales, verdes y cafés, tejidos por diminutas plantas de colores que se aglomeran para protegerse del intenso frío. El humedal por su parte, gotea permanentemente agua hacia el camino formando, de vez en cuando, pequeños pozos de agua natural. Cuando el día está despejado se puede admirar también la preciosa sabana de Túquerres y pequeños poblados de este municipio.

Pero eso no es todo. Al llegar a la cima del volcán, el caminante, puede descubrir maravillado que el cráter de unos 3 km de diámetro, contiene una esmeralda líquida, el gran tesoro que guarda la montaña de fuego: la Laguna Verde, y poner en juego su capacidad de asombro ante lo trascendental. Porque no de otra manera se puede llamar esta extraordinaria belleza natural, de agua verde esmeralda, que a diferentes grados de temperatura y formando una coma al revés, se descubre enmarcada en una falda de montañas dentadas.

Contraste de colores

Según el mito de los paisanos, esta laguna no se deja ver si los visitantes no llegan con respeto y en silencio a ella. A esto se debe agregar también, como nos pasó en la visita, que si el novio de la laguna, el Gran Chaitán, se pone celoso la cubre con un manto de neblina espesa, pero ella, coqueta, la quita de vez en cuando para dejar ver su belleza y encantar a los visitantes.

Sobra decir que ante esta maravilla de color verde los patrones de belleza que uno ha mantenido por años queda deshecho y descubre un nuevo contraste entre el café oscuro de la vegetación que se adhiere como hiedra a las escarpadas y dentadas montañas, el verde esmeralda del agua, el amarillo pálido de las rocas de azufre, y, en verano, el azul tisú del cielo. Así, tartamudeando palabras de belleza, la laguna se presenta al visitante como algo bueno, porque le gustaría poseerlo, pero al no poderlo hacer solo puede decir: ¡Qué belleza! porque lo es en sí misma, porque si la poseyéramos nos haría felices; pero que sigue siendo bella… aunque no sea nuestra.

Luego, ateridos de frío y mojados hasta los huesos, de nuevo a Túquerres y de allí a Pasto, en busca del calor del hogar, satisfechos, emocionados de tanta belleza.

Vamos a volver, pero en verano que es más abrigado.

3 comentarios:

HECTOR TREJO CHAMORRO dijo...

Hola amigo, me caes bien por eso te escribo desde las profundidades de la amazonía colombiana. Tengo la experiencia de perderme en el ascenso al Azufral con un grupo de amigos. En ese volcan bello nos tocó acampar y para recibir calor tuvimos conformar uno solo grupo en una carpa grande, hombres y mujeres compartimos la experienca del frio y de los rugidos del viento en la alta montaña.

Volvería a repetir esta travesía por el Azufral. Es solo cuestión de gustos y de amor propio por nuestra tierrita que hace honor a la fuerza de los dioses.

Muy bien por tus andanzas ambientales y lo interesante de tus escrituras turisticas. No tenemos nda que enviadar, en nariño existe el paraiso.

No dejes de vivisitar estos lugares y de mostrarnos en tu buen lente las tierras del Urkunia, dios de las alturas y de las fuerzas celestes que protegen a Pasto de los caudillos extranjeros. Viva Agualongo y su paisaje incrustado en la fuerza de los volvanes nariñenses.

Hector

Gianinna Narvaez dijo...

Es absolutamente verdadero la descripción de la visita, y mas emocionante aun cuando se es testigo de tan hermosa creación natural. Vale realmente la pena el asenso dificultoso a tan espectacular lugar, ya que el mismo paisaje es agradecido con el gran esfuerzo para apreciación de su belleza.
Gianinna Narvaez
Estudiante de tercer semestre de Ingeniería Ambiental

Anónimo dijo...

En varias regiones de Colombia e incluso del mundo se ha podido apreciar espectáculos naturales que han sido apreciados por miles de personas a lo largo de la historia. Sin embargo a mi parecer es incomparable la belleza y la riqueza natural colombiana en especial la del volcán azufral y su preciosa laguna que nos deleita con una maravillosa y única vista.

Por supuesto para poder contemplar esta maravilla es necesario recorrer un largo camino, acompañado de frió y ciertos problemas encontrados en el camino al ser tan largo y de gran altura. Pero vale la pena tal esfuerzo para observar este bello volcán.

El entorno que rodea al volcán azufral nos brinda un paisaje único debido a su fauna, flora y relieve los cuales unidos a la belleza de la laguna nos permite observar un verdadero espectáculo.

El clima que se desarrolla en esta zona característica es un clima muy frió, con vientos y olores fuertes debido al azufre proveniente del volcán.Sin embargo conviviendo con el entorno un tiempo determinado podemos acostumbrarnos a el lugar y disfrutar de la vista.

visitar esta zona de nariño es una experiencia inigualable que vale la pena.Ademas es de gran importancia que nosotros como habitantes de este departamento conozcamos todas las ventajas que tenemos frente a otras personas al tener al alcance la posibilidad de visitar lugares tan únicos como estos así como también de admirar su belleza y su potencial natural.

Giselle Alejandra Eraso Enriquez
Ing. Ambiental III

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