A comer cuy se ha dicho

6 de enero en Pasto
Sin pensarlo dos veces acepté la invitación para visitar Nariño en un viaje relámpago. Tan pronto escuché la palabra Nariño la asocié con la palabra cuy, mis ojos brillaron de alegría y mi paladar salivaba de placer. Llegamos al anochecer a Timbío y habiendo arrimado a una estación a surtirnos de gasolina el bombero al escuchar que viajábamos a Nariño, nos dijo que no era aconsejable transitar a esa hora, que ASOPITE (Asociación de Piratas Terrestres) había incursionado en la carretera en las noches anteriores despojando a pasajeros y transeúntes hasta de sus zapatos. Atendimos la sugerencia y nos hospedamos en un lugar que decía "exclusivo para camioneros" el que brillaba por su aseo y por la blancura de sus sábanas, así que dormimos a pierna suelta.

Al día siguiente, al albita, reanudamos nuestro viaje por una carretera que parece una trocha y no una panamericana, es allí en donde uno como nariñense y sureño siente vergüenza ajena y para disimular un poco traté de narrarles en comprimidos o píldoras, historietas y anécdotas que yo conocía sucedidos en ese trayecto.

Así les comenté, llegando a los límites entre los municipios de La Sierra y Rosas, en el Cauca, que allí hace algún tiempo, sucedió un accidente de tránsito del que dieron cuenta inmediata al fiscal de Rosas, quien de inmediato se trasladó a dicho lugar, llegado al cual se dio cuenta que el "occiso" era un borrico. Abrió su código de procedimiento penal, hizo lo propio con su Práctica Forense Penal que era su íntimo amigo de cabecera y en ninguno de los dos libracos encontró la forma de hacer "el levantamiento de cadáver" de un borrico, su secretario también novato, no sabía tampoco cómo proceder, así que le dijo "Jefe usted también está pensando lo que yo estoy pensando" y el Fiscal le contestó afirmativamente y entre los dos procedieron a empujar al borrico hasta dejarlo en el municipio de La Sierra y resolvieron "abstenerse de realizar cualquier diligencia en atención a que los hechos sucedieron en el Municipio de La Sierra" disponiendo hacerle conocer la novedad a ese funcionario.

Llegó minutos mas tarde el Fiscal de La Sierra, quien al igual que su compañero, sin saber qué hacer porque en ningún libro encontró un modelo de diligencia, procedió a designar peritos para que conceptuaran sobre la edad del borrico. Tiene dos años de edad, le respondieron, bajo la gravedad del juramento, por lo que el Fiscal procedió a resolver que por tratarse de un menor de edad, el competente era el Juez de Menores y ordenó remitirle la noticia criminis a dicho funcionario.

Les comenté también que en Rosas, hace algún tiempo, sucedieron dos hechos imborrables de la memoria de sus habitantes. Uno de ellos y cuando la guerrilla se tomó la población, el cura párroco que estaba celebrando misa, salió con el Santísimo hasta la puerta de la iglesia y encomendándose a la Virgen, se escucharon palabras de la comandante guerrillera dando la orden de retirarse porque las armas no habían respondido, se trabaron y el otro, cuando por uno de sus ríos llovían billetes y toda la población salió a coger cuanto mas pudiera, algunos de los cuales pudieron comprar casas y carros y a otros la policía les obligó a devolver los dineros sin haber logrado saber a dónde fueron a parar, lo que si se sabe es que muchos de los policías se retiraron de la institución.

Mas allá de El Remolino, detuvimos la marcha para apreciar el macizo colombiano, tomaron fotos y muchos videos bajo el título "donde se arrugó el mundo" según palabras de Humboldt.

El gran Urkunina desde la Universidad Mariana
Llegamos a Pasto y oh sorpresa, teníamos "pico y placa" y un policial nos detuvo, le argumenté a la vez que le indicábamos el pago de los peajes, que eramos turistas, que estábamos de paso con dirección a Ipiales y que transitábamos por la carretera "Panamericana" porque fue allí en donde se nos detuvo y que como tal no estaba sujeta a esa restricción vehicular. No se si mi argumentación tenia respaldo legal pero si fue convincente y se nos dejó continuar nuestro viaje.

Llegamos a Ipiales al medio día  les propuse que mientras íbamos a Las Lajas dejáramos disponiendo que en El Charco nos preparasen los cuyes. Así fue, en Las Lajas encantados tomamos fotos, rezamos y mis amigos dejaron una placa de agradecimiento y admiración a La Virgen, de regreso paramos en El Charco y oh sorpresa, nuestros cuyes los cedieron a los turistas que en varios buses llegaron procedentes del interior del país, especialmente del Valle.

Disgustados nos volvimos, les dije que en Pinzón, cercanías de Túquerres, los preparaban de igual forma y todos aceptaron viajar por allá. Llegamos a Pinzón cerca de las 2 de la tarde y para colmo de males, todas las personas que se dedican a estos menesteres estaban asistiendo a un curso dictado por funcionarios del SENA y no hubo sitio alguno en donde nos los pudieran preparar.

Descorazonados y desgualangados por el hambre, seguimos hasta Catambuco, allí se nos dijo, que estaban en cuarentena porque el glifosato con el cual fumigaron los cultivos ilícitos habían envenenado los pastos con los que se alimentaban los cuyes y que hubo varias personas que se intoxicaron, por lo que, no estaban preparando hasta nueva orden de las autoridades sanitarias.

Cuyes del Fogón Campestre en Catambuco
Asi que seguimos hasta Pasto, nos dijeron que en la carrera 40 podríamos conseguir y efectivamente, encontramos el sitio, nos sirvieron los cuyes, despresados como lo habían pedido mis amigos, desafortunadamente el sabor que yo conservaba no lo encontré, sabían distinto, me explicaron que no eran asados a la brasa sino en horno y que no eran alimentados con pastos sino con concentrados. Así terminó mi deseo de comer cuy. "Dense por bien servidos que no los robaron ni los atracaron" nos dijo doña Rosaura dueña del último restaurante en territorio de Nariño. Así es le dije, pero yo vine a Nariño luego de muchos años a comer cuy y no pude. A muchos, nos dijo, les han robado hasta la tapa de la gasolina y es mi hijo quien les proporciona un tapón hecho con corteza de plátano por lo menos para que no rieguen la gasolina hasta llegar al concesionario.

Mi amigo salió y al regresar le preguntó a doña Rosaura por el valor del tapón y le compró uno... Viajamos a Nariño a comer cuy y no se pudo....!! Sigo y seguiré saboreando el cuy que está comiendo el profesor Obando, que envidia...
Carlos López
Relato de viaje escrito por: Carlos López.

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