Guaitarilla y el Fique
En el paisaje de los Andes nariñenses, el municipio de Guaitarilla, cuyo nombre en lengua quechua y aimara significa "Cesta de Flores" o "Sólo florido", resguarda una de las tradiciones más frágiles de Colombia: la producción artesanal de costales de cabuya. Lo que por décadas ha sido el sustento de muchas familias, hoy se enfrenta a la sombra de la extinción, luchando contra la industrialización y el olvido generacional.
Guaitarilla es un potencial artístico y artesanal donde la artesanía
del fique ocupa el primer lugar en su producción local. Con cerca de 1.350
familias dedicadas a este oficio, el municipio produce aproximadamente 8’200.000
sacos ralos al año, destinados principalmente al comercio de la papa en
ciudades como Túquerres, Ipiales y la capital del país. (Campaña Piscal,
Francisco Javier. Fortalecimiento de la cultura y la tradición del municipio de
Guaitarilla a través de la intervención de su mobiliario urbano. UDENAR, 2017)
Este empaque, además de ser un objeto utilitario; es el
resultado de una técnica que utiliza instrumentos ancestrales. El proceso
central se desarrolla en el telar de pedales, una máquina rudimentaria de
madera similar a los telares antiguos utilizados para mantas y cobijas. En
estos telares, los artesanos más diestros pueden elaborar hasta 100 empaques, un
bulto, diarios.
La producción es un ciclo que involucra tanto saberes
agrícolas como habilidades manuales complejas que se muestran en forma reducida
así:
Primero. Se extrae de la planta de fique, de la cual solo
el 4% se convierte en fibra útil. El proceso incluye el corte de las
"pencas", el desfibrado (o raspado), el lavado y el secado al sol.
Segundo. La fibra seca se convierte en hilo mediante el Sisel,
un uso manual, o hiladoras. Posteriormente, el "tizado" permite
extraer hilo por hilo para preparar la tejeduría.
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Telar (Foto: Arturo Obando Ibarra. Mayo de 2026)
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Tercero. Tras el paso por el telar, interviene el que randa, es decir el que hace el dobladillo en la boca y los bordes, terminando así el costal.
A pesar de su importancia cultural, esta técnica se
considera una tradición en peligro de extinción por varios factores críticos:
El proceso artesanal demanda mucha mano de obra y grandes
volúmenes de agua para el lavado, lo que genera una baja rentabilidad frente a
la industria masiva.
La aparición de empaques de polipropileno y polietileno ha
desplazado al fique debido a sus menores costos, a pesar de que la fibra
natural preserva mejor las propiedades de productos como el café y la papa.
Y sobre todo, existe un debilitamiento de la identidad
cultural. Muchos jóvenes de Guaitarilla se alejan de sus raíces, buscando
oportunidades en las ciudades y dejando de aprender los oficios de sus abuelos.
Para contrarrestar esta desaparición, se han impulsado
iniciativas como la Ley del Fique 2311 de 2023, que busca fortalecer la cadena
productiva y reconocer su valor cultural. Asimismo, proyectos de diseño
industrial han propuesto integrar texturas de tejido de cabuya en el mobiliario
urbano de Guaitarilla para que el propio espacio público cuente la historia de
su gente y fomente la apropiación de su identidad.
La supervivencia de los costales de Guaitarilla es una
cuestión económica, pero sobre todo es la defensa de un saber hacer que reside
en las manos de los sabedores que, entre hilos y pedales, han contribuido a
tejer la historia del municipio.
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